Un ramo de palabras...


Saludo desde este espacio a la mujer que posó sus besos en mi frente y mis mejillas (dejando el tatuaje del amor materno inmortalizado en la rosa mi alma)  por las noches antes de dormirme y cada vez que emprendía el viaje  a la escuela en mi niñez. A quien me dio efusivamente sus abrazos de felicitación cuando me daban mis diplomas de estudio o premios literarios (y ahora extraño eso porque ya no es posible). A quien me dedica  su vida y su tiempo para escucharme cada vez que le cuento “mis cosas” o le pido un consejo; sé que ella no me traicionará.

Mi madre es quien me comprende, me anima y me recalca que quiere un mejor futuro para mí; me apoya guiándome con sus conocimientos en algunos aspectos de la vida.  Ella me dio sus pechos no por algún placer carnal, ni por interés económico sino por amor puro y sincero. Por eso y mucho más este día, le pido a Dios le de salud y vida.  Ella es a  quien amo no porque  también me ama a pesar de que sea una buena o mala persona.  Sé que a veces me porto mal con ella, pero trataré de no cometer esos mismos errores.
  
Ella me ama aunque yo ame o me vea en los brazos de  otra mujer. Llora mi tristeza y me consuela con palabras de aliento, cuando alguna chica me hiere el corazón o me rechaza, o simplemente  fracase en algún aspecto de mi vida. Y se regocija su corazón con  mis alegrías cuando me ve feliz; celebra mis triunfos. Algunas veces la creí injusta y pensaba que estaba equivocada porque no me dejaba hacer cosas que yo encaprichado quería realizar; no comprendía que era para mí bien.

Perdóname porque a veces no escuchaba tus consejos, no seguía tus recomendaciones por creer que no eran las correctas. Tú siempre has sido un buen modelo a seguir para mí y mis hermanos. Fuiste el ejemplo de seguir estudiando sin importar la edad, cada vez que te  veía asistir a la escuela era un estímulo para seguir avante. No son solamente tus palabras, también son tus actos que me fortalecen. Tu lucha ha sido ardua, junto a mi padre, me apoyaste, te sacrificaste por querer darme lo mejor y ahora el fruto a tu esfuerzo, paulatinamente deseo retribuírtelo. No pudiste darme todo lo que tú querías, sin embargo yo recibí de ti lo que más necesitaba.

Un hijo no comprende a sus padres pero los progenitores si entienden a sus retoños, por el simple hecho que ellos primero fueron hijos.   Mas el incomprensible amor de madre,  que en algunas ocasiones para tratar de hacer entender a sus hijos que están en el camino equivocado dicen o actúan de una manera errónea, es una fuente inagotable que mana como el agua cristalina.
Mi  madre le pide a Dios por mí todos los días de su vida, desde que supo que estaba en su vientre, vi la luz del mundo entre sus brazos y crecí junto a ella...
Te ofrendo este ramo de palabras, querida mamá y Dios te bendiga te proteja, y si tiene que descuidarme a mí que lo haga, pero jamás  se aparte de ti.

¡Feliz día de las madrecitas, madre mía!

Autor: Luis Xalin.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario