El Cumpleaños de mi Ciudad
El Cumpleaños de mi Ciudad
Cada vez que soplan los vientos a finales de julio, Santa Lucía Cotzumalguapa se viste de gala: con bombos y platillos, con globos y cuetillos, la gente celebra un aniversario más del pueblo de mi querencia ya que el 31 de julio de 1972 fue elevada de villa a la categoría de ciudad por el notable avance en todo sus aspectos. (Aunque esta pachanga sólo se haga en el corazón de los que amamos a nuestro pueblo. Esperamos que este año, como ya estamos en plena y autorizada campaña política, se haga una celebración meritoria para la ocasión).
Olvidándonos por esta vez de la inseguridad y la delincuencia, la explosión demográfica y los problemas sociopolíticos que le afectan, podemos señalar dos de los avances que, por ejemplo, han sido factores que abrieron las puertas al desarrollo aún más: la electrificación en las áreas rurales, allá donde se carecían de muchas comodidades que se tiene en la ciudad y que después de ese recurso hubieron cambios positivos. Otro, es la apertura de institutos para la educación básica y diversificada; ahora los patojos que quieran estudiar no tendrán que viajar al área urbana porque lo pueden hacer cerca de sus casas, por ende, minimizan los gastos de transporte, alimentación y altas cuotas mensuales. 43 años después, en este nuevo ciclo, nuestro pueblo querido sigue progresando académica, espiritual y económicamente y esperamos no se detenga. Somos privilegiados por ser un municipio donde los ingenios azucareros generan empleos agroindustriales, profesionales, técnicos y demás. Todo, aunado, ha contribuido de manera objetiva a la población chambeadora que lucha por sobrevivir y triunfar por toda su verde geografía.
Es cierto que el progreso también genera problemas ambientales y sociales como en cualquier parte del mundo, a pesar de eso, el pueblo Luciano avanza con paso firme y sus autoridades con altibajos han sabido sacar a flote a “La Capital Mundial de la Alegría”.
(Frase en alusión a su gente jovial y arrecha sin importar si es oriundo o foráneo que pone su granito de arena para hacer del pueblo, un suelo digno para habitar).
Otra parte de sus hijos; sí, de su gente que esta desperdigada por el globo terráqueo, de los que nos fuimos por uno u otra moción sin querer abandonarla, de los que recordamos sus paisajes, sus cañaverales y ríos, de los que anhelamos regresar y mantenemos la esperanza de morir en su suelo, de los que deseamos celebrar por sus calles cada aniversario, esperamos que los desastres naturales, epidemias o los malos hijos de la patria no puedan frenar su auge (envidiable para otros lugares) y no logren opacar su onomástico.
Y parafraseando, les escribo: Soy de Cotzumalguapa, tierra valiente… lugar que Dios escogió para que fuese mi terruño y que a pesar de estar de lejos, le llevo en mis pensamientos y en mi corazón. Desde aquí, con la nostalgia que me doblega, le digo por su ya casi “tres veces quinceañera”: ¡Feliz cumpleaños, Cotzumalguapa!
Autor: Luis Xalin

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